viernes, 23 de mayo de 2014

Él me ha visto…

No sé, pero siempre he tenido una aversión sanguínea por las cuatro paredes, por esas paredes que me aturden, me atan y me dominan… una versión sanguínea con ese lenguaje exclusivo, por las muletillas y las peticiones para verificar si el que está a tu lado no sigue en su letargo sueño.

No sé, pero siempre me ha parecido aburrido el tener que pensar en una sola cosa, la fabricación en serio y que gracias al bendito o maldito ceremonial, hay que agachar la cabeza para que no se ofenda, por respeto y amor…

¿Qué clase de amor va a ser aquel que no me mira, que no me entiende, que no me deja pensar, que me coarta, que me hace ingenua y no me ve…?

¿Qué clase amor será aquel que me quiere tener de rehén? A mi, Él, me ha visto en mis noches oscuras de desesperación y preocupación, en mis días claros de alegría, ansiedad y vastedad por la monotonía.

A mi, Él sí me ha visto desnuda, ha visto hasta lo que a nadie nunca se atrevería a enseñar y aún así sigue amándome con la misma intensidad… Él me ha visto por dentro y fuera y no le importa si subo o baje la cabeza. Sí, me ha visto, me ha escudriñado... qué más da entonces que levante mis manos o suelte una carcajada en su memoria, lo importante es que Él es amor verdadero, con liturgia o sin ella, con anarquía o sumisión.

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